Turbulencia

Viaje rumbo a Washington. Desvelada y sin muchas fuerzas porque no desayuné,  todo estuvo tranquilo hasta la mitad del vuelo; donde la casi media hora de turbulencia no contribuyó a aminorar mis temores de estar en un avión, creo que a nadie le molestó o quizá lo ocultaban pidiendo coca o jugo de manzana a la azafata.

Será que nadie en el vuelo pone ojos de plato como yo cuando mira las corrientes de aire contra las alas y es que mientras pasé por el mar, imaginaba por enesima ocasion lo terrible que sería caer. Quizá no es bueno pensar en estas cosas durante un vuelo y por eso sea mejor mirar fijamente la pantalla de tu asiento en la que te venden un mar apacible, al deslizar una tarjeta de crédito...

Comentarios

Luis Jimenez ha dicho que…
jajaja, y sobreviviste para contarlo

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