Laura Jauregui, Tlalpan, México DF. marzo de 1977

(...) La verdad es que ya no tenía ganas de discutir. Al principio habia fingido que no me interesaban sus planes, su platica, todo lo que tuviera que decirme, pero luego descubrí que en realidad no me interesaba, que todo lo que tenía que ver con él me aburría sobremanera, que lo que verdaderamente queria era que se marchara y me dejara estudiar tranquila, esa tarde tenía mucho que estudiar. Y entonces él dijo que le daba tristeza viajar y conocer el mundo sin mi, que siempre habia pensado que yo iria con él a todas partes y nombró países como Libia, Etiopia, Zaire, y ciudades como Barcelona, Florencia, Avignon, y entonces yo no pude sino preguntarle qué tenían que ver esos países con esas ciudades, y él dijo: todo, tienen que ver en todo, y yo le dije que cuando fuera biologa ya tendría tiempo y además dinero, porque no pensaba dar la vuelta al mundo en autostop ni durmiendo en cualquier sitio, de ver esas ciudades y esos países. Y él entonces dijo: no pienso verlos, pienso vivir en ellos, tal como he vivido en México. Y yo le dije: pues allá tú, que seas feliz, vive en ellos y muerete en ellos si quieres, yo ya viajaré cuando tenga dinero. Entonces te faltará tiempo, dijo él. No me faltará tiempo, dije yo, al contrario, seré dueña de mi tiempo, hare con mi tiempo lo que me de la gana. Y el dijo: ya no seras joven. Lo dijo casi a punto de llorar, y verlo así, tan amargado, me dió coraje y le grité: a ti que te importa lo que haga con mi vida, con mis viajes o con mi juventud. Y él entonces me miró y se dejó caer, como si de improviso se diera cuenta de que se estaba muriendo de cansancio.




Roberto Bolaño
Los detectives salvajes




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