venas abiertas

Las tesis de la dependencia y el subdesarrollo latinoamericano fueron enunciadas por Enzo Falleto, Fernando Henrique Cardoso, Andre Gunder Frank o Theotonio Dos Santos. Dichos autores describieron a mediados del S. XX las implicaciones estructurales del capitalismo en la economía, al igual que lo hizo Marx en el S. XIX.

Los teóricos de la dependencia denunciaron que las contradicciones sociales producto del capitalismo en América Latina son acrecentadas por el origen colonial de los mismos. Afirmaban que el desarrollo de las potencias sólo se entendía como producto del mercantilismo precedente, de la extracción de riqueza de las colonias y de su transferencia a la Metrópoli. Que la pobreza y marginación no se superarían a menos que se pensara en un sistema económico diferente porque el capitalismo esta diseñado para perpetuar la brecha entre ricos y pobres, entre la burguesía y el proletariado (o el lumpen proletariado).

La dependencia es explicado de forma más amena por Eduardo Galeano en las venas abiertas de América Latina:


La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América Latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta. Pasaron los siglos y América Latina perfeccionó sus funciones. Este ya no es el reino de las maravillas donde la realidad derrotaba a la fábula y la imaginación era humillada por los trofeos de la conquista, los yacimientos de oro y las montañas de plata. Pero la región sigue trabajando de sirvienta. Continúa existiendo al servicio de las necesidades ajenas, como fuente y reserva del petróleo y el hierro, el cobre y la carne, las frutas y el café, las materias primas y los alimentos con destino a los países ricos que ganan. consumiéndolos, mucho más de lo que América Latina gana produciéndolos. Son mucho más altos los impuestos que cobran los compradores que los precios que reciben los vendedores; y al fin y al cabo, como declaró en julio de 1968 Covey T. Oliver, coordinador de la Alianza para el Progreso, «hablar de precios justos en la actualidad es un concepto medieval. Estamos en plena época de la libre comercialización ... » Cuanta más libertad se otorga a los negocios, más cárceles se hace necesario construir para quienes padecen los negocios. Nuestros sistemas de inquisidores y verdugos no sólo funcionan para el mercado externo dominante; proporcionan también caudalosos manantiales de ganancias que fluyen de los empréstitos y las inversiones extranjeras en los mercados internos dominados. «Se ha oído hablar de concesiones hechas por América Latina al capital extranjero, pero no de concesiones hechas por los Estados Unidos al capital de otros países...» Es que nosotros no damos concesiones», advertía, allá por 1913, el presidente norteamericano Woodrow Wilson. Él estaba seguro: «Un país -decía- es poseído y dominado por el capital que en él se haya invertido». Y tenía razón. Por el camino hasta perdimos el derecho de llamarnos americanos, aunque los haitianos y los cubanos ya habían asomado a la historia, como pueblos nuevos, un siglo antes de que los peregrinos del Mayflower se establecieran en las costas de Plymouth. Ahora América es, para el mundo, nada más que los Estados Unidos: nosotros habitamos, a lo sumo, una sub América, una América de segunda clase, de nebulosa identificación.
Es América Latina, la región de las venas abiertas. Desde el descubrimiento hasta nuestros días, todo se ha trasmutado siempre en capital europeo o, más tarde, norteamericano, y como tal se ha acumulado y se acumula en los lejanos centros de poder. Todo: la tierra, sus frutos y sus profundidades ricas en minerales, los hombres y su capacidad de trabajo y de consumo, los recursos naturales y los recursos humanos. El modo de producción y la estructura de clases de cada lugar han sido sucesivamente determinados, desde fuera, por su incorporación al engranaje universal del capitalismo. A cada cual se le ha asignado una función, siempre en beneficio del desarrollo de la metrópoli extranjera de turno, y se ha hecho infinita la cadena de las dependencias sucesivas, que tiene mucho más de dos eslabones, y que por cierto también comprende, dentro de América Latina, la opresión de los países pequeños por sus vecinos mayores y, fronteras adentro de cada país, la explotación que las grandes ciudades y los puertos ejercen sobre sus fuentes internas de víveres y mano de obra.



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Si bien Galeano es brillante y me fascina es también necesario remitirnos a la teoría social latinoamericana para argumentar de forma más eficiente y hacer frente a teóricos que se han posicionado como hegemón del pensamiento único desplazando al crítico.



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Como la teoría de la transición a la democracia que desplazó a la de la dependencia y que explica el cambio y/o el atraso en América Latina por razones políticas y no económicas


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Ahora todos hablan de Galeano porque Obama recibió las venas abiertas de AL de manos de Hugo Chavéz en la Cumbre de las Américas.



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Sin embargo ante esta crisis no puede quedarse en simple moda, ahora más que nunca es oportuno leerlo, eso y más... seguir pensando y asumir una posición



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