chaleco verde....o los avatares de pasar por las aduanas...

Vuelo de regreso a México: 6:00 am, aeropuerto de CCS, Venezuela...con escala en Bogotá, Colombia


En vista de no poder llegar a chequear el equipaje a las 3.00 am, por no querer pagar una lana en taxis y demás....ps la necesidad obligó a llegar a las 12.00 pm a velar al aeropuerto, registrar mis maletas 3 hras después y esperar en la salita de salidas internacionales hasta q me llamaran a abordar....


Inconveniente:


A las 5.30 am, gritan x el altavoz....srita tal por cual pase a la puerta....acto seguido, una policía, me dice: acompañeme sra. por favor....y q la sigo y q me dice, pongase esto x favor....me da un chaleco verde fosforecente.... y bajo a donde revisan el equipaje junto al avión y un militar me recibe amablemente, abro la maleta y este la revisa minuciosamente e incluso huele las hojas de mis libros........¿?....Me dice no hay nada....cierro la maleta y regreso a abordar.....con mi chaleco verde.....y me lo quito antes de entrar al avion.


Llego a Bogotá...... después de las 2 hras de pausa, se repite la operación, sólo q sin chaleco....


México....aduanas y retenes, misma maleta......misma revisión; las drogas o aquello q veían en el scaner nunca apareció, pero supongo q son los inconvenientes de pasar x Colombia.....

Aunque pensandolo bien..... con el plan Merida: Colombia o México ¿qué diferencia hay?.... La paranoia es la misma

......

Lo único q hizo q no me quedará jetona en los pasillos del aeropuerto y q no le diera mayor importancia a las múltiples revisiones, fue la lectura de Los detectives salvajes de Bolaño..... y he aqui un fragmento...


El Vampiro

Ruedan tus rizos lóbregos y gruesos
por tus cándidas formas como un río,
y esparzo en su raudal, crepo y sombrío,
las rosas encendidas de mis besos.

En tanto que descojo los espesos
anillos, siento el roce leve y frío
de tu mano, y un largo calosfrío
me recorre y penetra hasta los huesos.

Tus pupilas caóticas y hurañas
destellan cuando escuchan el suspiro
que sale desgarrando las entrañas,

y mientras yo agonizo, tú sedienta,
finges un negro y pertinaz vampiro
que de mi sangre ardiente se sustenta.


La primera vez que lo leí (hace unas horas) no pude evitar encerrarme con llave en mi cuarto y proceder a masturbarme mientras lo recitaba uno, dos, tres, hasta diez o quince veces, imaginado a Rosario, la camarera, a cuatro patas encima de mí, pidiéndome que le escribiera un poema para ese ser querido y añorando o rogándome que la clavara sobre la cama con mi verga ardiente (...)

El joven García Madero en Los detectives salvajes



Bolaño es impactante


......


y finalmente a volar


...

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